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Cómo lavar una mochila sin arruinarla

El método que no despega estampados ni deforma la espuma, qué productos no usar nunca y cómo secarla para que no huela.

La mayoría de las mochilas que llegan aquí arruinadas no se rompieron de uso: se echaron a perder en una lavadora. El calor y el volteo hacen en cuarenta minutos lo que el niño no logra en dos años.

El método de abajo funciona para cualquier mochila de poliéster o nailon, que es prácticamente todo lo escolar.

Antes de mojarla

  1. 1Vacía todos los bolsillos, incluido el chico de adelante donde siempre queda un sacapuntas. Abre todos los cierres.
  2. 2Voltéala boca abajo sobre un bote de basura y sacúdela con fuerza. Sale más de lo que crees.
  3. 3Aspira el interior con la boquilla delgada, sobre todo las esquinas del fondo y las costuras.
  4. 4Cepilla en seco lo que se pueda: la tierra mojada se convierte en lodo y se mete en la trama.

El lavado, a mano

  1. 1Llena una tina o el lavabo con agua tibia, nunca caliente. Arriba de 30 grados el recubrimiento interior se empieza a despegar.
  2. 2Disuelve una cucharada de detergente líquido suave o jabón neutro. Nada de detergente en polvo: los granos se quedan atrapados en las costuras.
  3. 3Talla con un cepillo de cerdas suaves o una esponja, siempre en el sentido de la tela. Insiste en las asas y en el fondo, que es donde se acumula la mugre.
  4. 4En las manchas necias, pon una gota de jabón directo y deja actuar diez minutos antes de tallar. No frotes en seco: eso desgasta el estampado.
  5. 5Enjuaga hasta que no salga espuma. El jabón que se queda adentro atrae más polvo después.

Lo que nunca se hace

  • Lavadora con agitador central. Los tirantes se enredan, las hebillas se parten y las costuras se abren por tensión.
  • Secadora. El calor derrite el recubrimiento interior, aplasta la espuma de los tirantes y despega los estampados de vinilo.
  • Cloro. Decolora la tela de forma irregular y degrada el hilo de las costuras, aunque no se note el mismo día.
  • Suavizante. Deja una película que atrapa polvo y anula lo poco de repelencia al agua que traiga la tela.
  • Agua caliente y plancha. Todo lo que sea calor directo es enemigo del poliéster recubierto.
  • Sumergir mochilas con ruedas o con partes de charol, gamuza sintética o cartón interno. Esas se limpian solo con paño húmedo.

El secado, que es donde más se equivoca la gente

Escurre sin retorcer. Retorcer una mochila deforma la espuma del respaldo y no vuelve a su lugar. Presiona con una toalla para sacar el exceso de agua.

Cuélgala de la manija de arriba, nunca de un tirante: el peso del agua estira el tirante y ahí se queda. Todos los cierres abiertos y los bolsillos volteados hacia afuera si se puede, para que circule el aire.

A la sombra y con corriente de aire. El sol directo decolora el estampado y reseca el recubrimiento interior hasta cuartearlo. Calcula de 24 a 48 horas de secado real; guardarla con un poco de humedad es lo que produce el olor a encierro y, en temporada de lluvias, el moho.

Olores y manchas específicas

  • Olor general: media taza de bicarbonato en un calcetín amarrado, dentro de la mochila cerrada, 24 horas. Después se sacude.
  • Moho: agua con vinagre blanco, una parte de vinagre por tres de agua, aplicado con cepillo y enjuagado enseguida. Después, sol indirecto y aire.
  • Tinta de pluma: alcohol isopropílico con un cotonete, solo sobre la mancha y probando antes en una costura escondida. En estampados puede levantar color.
  • Grasa de comida: talco o maicena sobre la mancha, media hora, se cepilla y luego jabón neutro.
  • Chicle: bolsa con hielo encima hasta endurecerlo y se desprende con una cuchara.

Loncheras y mochilas con ruedas

La lonchera térmica no se sumerge. El aislante interior absorbe agua y tarda semanas en secar por dentro, y ahí sí aparece el moho que no se ve. Se limpia con un trapo húmedo con agua y bicarbonato, se enjuaga con otro trapo y se deja abierta a que ventile.

La mochila con ruedas se limpia por partes: el cuerpo de tela con esponja y jabón, el chasis y el tubo con paño húmedo. Los ejes se limpian de pelos e hilos con unas pinzas y, si rechinan, se les pone una gota de lubricante de silicón. Nunca aceite de cocina: se pone pegajoso y junta más tierra.

Cada cuándo

Dos lavados completos al año bastan: uno al terminar el ciclo escolar, antes de guardarla, y otro a la mitad. Entre lavados, un paño húmedo cuando se ensucie y vaciarla los viernes. Lo que de verdad alarga la vida de una mochila no es lavarla seguido, es no guardarla mojada y sacarle la lonchera todos los días.

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